26.9.07

me siento sola, Gise

Yo no sé muy bien cómo se combate la soledad. Además, en verdad, hay tantas soledades que se complica el panorama a la hora de tratar de curarlas. Si es que se cura, ¿no? porque por ahí siempre tiene que existir alguna soledad. ¿quién sabe?
Hay soledad “espiritual”, la cual me fue descrita como “sentirse perdida”; dentro de una misma, supuse yo. Como que no te encontrás por más que te busques. Y esa búsqueda termina siendo dolorosa la mayoría del tiempo, porque de a ratos creés que la respuesta está ahí... que esta soledad del espíritu se cura con esto o con lo otro, y ¡patrañas!, te das cuenta que no y eso duele como caerse de una calesita que da vueltas a 45 kilómetros por hora; y caerse y darse de lleno en el cóccix, ¿eh?, que sigue doliendo un buen rato y te proyecta dolor para todos lados.
Hay soledad también cuando se está con alguien, y esa es de las peores. Es una sensación terrible. Y culpás al que tenés al lado por maldito: por dejarte sola, y encima quedarse ahí, como disimulando. Y sabés que él no tiene la culpa. Jamás tiene la culpa porque la culpa la tenés vos, por estar sola y sentirte sola y no saber arreglártelas para dejarlo entrar, dejarlo acompañarte. Porque algo se rompió y los intentos de no estar excluida, intentos de comunicarte tirando brazos hacia la superficie estúpida y desesperadamente, para no ahogarte en el mar de nadie, son lo más trágico de todo. Son intentos patéticos que te dan bronca y te dejan más sola todavía.
Hay soledad también en el día a día. Más en ese día a día que antes era uno y ahora es otro. La adaptación a una rutina nueva nos puede dejar en el aislamiento más absoluto. Porque en sí la rutina te hace sentir terrible a veces, como si fueras una jodida marioneta de la jodida cotidianeidad, y como si el futuro no te deparara más que días y días iguales, calcados, como esos grabados que hacés con un molde de yeso y los pasás a hojas y hojas y siempre hay más pintura y más hojas y más molde igual ad infinitum. Y entonces esperás que algo cambie. Esperás que algo cambie todos los días y esperar se hace rutina y entonces llanto, porque acostumbrarse a estar esperando es más desconcertante que cualquier cosa.
Y si encima, entonces, te toca adaptarte a una rutina nueva, cuando habías aprendido la magia de la rutina anterior (las muesquitas del yeso, las imperfecciones que se ven de un grabado al otro, el cambio de color de la pintura, de la hoja, la posibilidad de seguir moldeando el yeso a veces, etc.), es todo el proceso otra vez. Y te agarrás a lo que podés. Te agarrás a lo primero que vislumbra magia por algún rincón. (Tus amigas están, ¿ves? Pero no necesariamente en tu nueva rutina, y entonces surge un amor casi incondicional por esta gente nueva, que no es el mismo amor pero a veces casi sirve) Y también establecés esas “relaciones superficiales” que están tan de moda. Pero, te das cuenta, no te “nutren”.
Todos le tenemos miedo a la soledad. Todos ¿eh? (el que se anime a decir que no, necesita una buena taza de humeante realidad). Cierto que a veces nos creemos el discursito de “quiero estar sola”(se lo creemos a alguien, nos lo creemos a nosotros mismos, da igual), pero claro, como cobardes que somos, cuando nos damos cuenta que efectivamente estamos solos, no nos gusta tanto. Eso mismo : estar solo sirve por un rato, hasta que te das cuenta, y ahí fuiste.
Es que irremediablemente necesitás a otra gente. Estamos hechos de tal manera que necesitamos de gente como uno. Necesitamos piel, ojos, manos, boca. Necesitamos alma, espíritu, mente, vínculo. Vínculo. La relación con el otro te hace encontrarte (así te salvás de paso de esa soledad “espiritual” de hace unos párrafos atrás) y dejar de esperar, por un rato.

Yo todavía tengo mis baluartes de “no soledad” (usé la palabra baluarte, che).
Está bueno darse cuenta de que nos sentimos solos, sólo para recurrir a estos baluartes que no implican necesariamente un lugar físico sino un conjunto de gente que me llena ese vacío de necesidad de otra persona; y no se trata de cualquier persona. Son personas especialmente elegidas por mí para depositar en ellas la magia de mi vida; y entonces cuando vuelvo a ellas me recuerdan que esa magia existe y entonces no estoy tan sola.

Te das cuenta que nunca estás sola.









(P.d: la foto me gustó. y a Marina la extraño. Y lo de la Chamarra de Borrego es del fanstasma escritor, loco, no puede ser que no la hayan sacado. el capítulo del ladrón que roba cosas para venderlas por droga, que es el amigo de alex, que fuma marihuana. Y la chamarra es de Tina, que en algún capítulo se lo chuponea a alex de la manera más trucha, pero bueno.)

2 comentarios:

maru dijo...

:D

Anónimo dijo...

faaaantasma escritorrr

bum racataka bum


"estar solo sirve por un rato, hasta que te das cuenta, y ahí fuiste" SIN PALABRAS

Roco